Legumbres

El “Chana Masala” más castizo

El “Chana Masala” o garbanzos al curry con tamarindo, es un plato vegetariano muy nutritivo originario de Punjab, en el norte de la India. De todas las cocinas del mundo, la india contiene las recetas vegetarianas más variadas y sabrosas. El hinduismo, así como el budismo, religiones mayoritarias en la India, fomentan un estilo de vida vegetariano y respetuoso con todos los seres “sintientes” y por ello la mayor parte de los hinduistas y budistas son vegetarianos.

Mi “Chana Masala”, no lleva “ghee” (mantequilla clarificada de la India y Pakistan) y sí, aceite de oliva vírgen, por ello es 100% vegetal y aún más saludable, también es menos picante y menos ácido que el original.

El garbanzo es una de las variedades más antiguas de las legumbres, ya eran conocidos en el antiguo Egipto y en la Roma imperial, donde eran tan importantes que hasta los usaban como apellido, pues existía la creencia que se debía honrar a los alimentos de la huerta. Un buen ejemplo es el de Cicerón (proviene de “cicer”, garbanzo en Latín), un apellido bien conocido y de prestigio en la antigua Roma.

Se dice que el origen del cultivo del garbanzo se situó en el Mediterráneo oriental, posiblemente en lo que hoy es Turquía o Siria, y desde allí se extendió por el imperio Persa, Asia central, India y África.

En la península Ibérica (Al-Andalus) fue introducido en el siglo VIII por los Omeyas, ya he comentado sobre ésta época histórica y muchas de sus grandes aportaciones en entradas anteriores.

Posteriormente los colonizadores españoles lo llevaron a América, implantándose con éxito principalmente en California y México.

Los garbanzos son muy nutritivos, energéticos y tienen un gran contenido en vitaminas, minerales, fibra y ¡proteínas!!!

Contienen vitaminas del grupo B, además de vitamina C, E y K, en cuanto a minerales, son ricos en hierro, magnesio, potasio, fósforo, calcio y zinc.

Combaten la anemia, ayudan a cuidar la salud de nuestro hígado, tienen lecitina, un compuesto que ayuda a eliminar grasas. Protegen ante enfermedades cardiovasculares, favorecen la circulación sanguínea, cuidan nuestro sistema digestivo, tienen efecto diurético, ayudándonos a eliminar líquidos retenidos. Resultan beneficiosos para los que tengáis hipertensión, combaten estados de fatiga y cansancio, cuidan el funcionamiento del sistema nervioso y muscular. Poseen ácidos grasos esenciales que protegen los órganos vitales, también reducen el estrés. Por su alto contenido en fibra facilitan el tránsito intestinal, y por su contenido en ácido fólico además son muy beneficiosos durante el embarazo y la lactancia. Tienen carbohidratos de absorción lenta, por ello son recomendables para los que tengáis diabetes, nos dan energía y nos mantienen saciados durante más tiempo.

¡Ah! Y por supuesto, no contienen gluten, ¡otro alimento ideal para los celiacos!!

Y ahora ¡vamos a la receta!!

Ingredientes (para 4 personas)

  • Aprox. 200 gramos de garbanzos secos o 5 puñados
  • Aprox. 1 litro de agua para cocer los garbanzos
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato
  • 2 tomates grandes
  • 1 cebolla roja
  • 1 pimienta de cayena o guindilla pequeña
  • 1 trozo de jengibre fresco
  • 2 dientes de ajo
  • 2 cucharaditas de cominos
  • 1 rama de canela
  • 3 vainas de cardamomo enteras
  • 1/2 cucharadita de cúrcuma
  • 1 cucharadita de curry
  • 1 cucharadita de semilla de cilantro
  • 2 anises estrellados
  • 2 hojas de laurel
  • 2 cucharadas soperas de pasta de tamarindo
  • 2 cucharaditas de panela o azúcar integral de caña
  • Sal marina integral al gusto
  • 1 chorrito de aceite de oliva vírgen
  • 100 gramos de hojas frescas de espinaca
  • Semillas de sésamo negro para decorar

Lo primero, como siempre, ponemos nuestros garbanzos en agua con la 1/2 cucharadita de bicarbonato durante toda la noche, o al menos doce horas (recordad los inhibidores enzimáticos). Transcurrido este tiempo, los escurrimos, los lavamos y desechamos el agua de remojo.

En una cacerola, echamos nuestros garbanzos ya hidratados, junto con las 2 hojas de laurel, los 2 anises estrellados y 1 cucharadita de cominos enteros. Cubrimos bien con agua, hasta un poco más de la mitad de la cacerola y encendemos el fuego fuerte hasta que rompa a hervir. En el momento que entre en ebullición, bajamos el fuego y lo dejamos a fuego medio durante toda la cocción, que será de una hora, a hora y media como mínimo, dependiendo del tipo de garbanzo, si es el blanco lechoso o el típico castellano tardará menos, si es el pequeñito “Pedrosillano” necesitará cerca de dos horas para que estén tiernos y en su punto. También podéis utilizar una olla a presión u olla rápida, entonces simplemente cerráis herméticamente la olla en su posición media y cuando empiece a expulsar el vapor, contáis aproximadamente unos 20 minutos.

Siempre que tengáis tiempo os recomiendo la cacerola y la cocción a fuego lento con las especias, así evitaremos después digestiones pesadas, digamos que nuestros garbanzos se estresan menos…

Una vez que nuestros garbanzos estén cocidos los escurrimos, retiramos las hojas de laurel y los anises estrellados, y reservamos. En otra cacerola (o en la misma si ya está limpia) echamos un chorrito de aceite de oliva y añadimos la otra cucharadita de cominos, la rama de canela y el cardamomo, lo dejamos un par de minutos a fuego bajo para que liberen los aromas. Inmediatamente después echamos la cebolla, el ajo, la cayena y el jengibre picadito, sofreímos unos minutos hasta que lo veamos ligeramente dorado. Cuando ya esté en el punto doradito, añadimos los dos tomates cortados en cuadraditos, y echamos la sal, la cúrcuma, el curry y el cilantro, dejamos que todo se cocine unos minutos, que se mezclen bien los aromas y sabores, y que el tomate se ablande y forme una pasta junto con las especias.

Después vertemos nuestros garbanzos cocidos y lo mezclamos todo bien en el fuego, para agregar finalmente nuestras dos cucharadas de pasta de tamarindo y nuestras dos cucharaditas de panela o azúcar integral. Volvemos a mezclar, echamos una taza de agua, y con el fuego al mínimo removemos y dejamos que el agua se evapore…

Para terminar, lavamos bien nuestras hojas de espinaca y las ponemos como base en un plato o cazuelita individual, echamos nuestro “chana masala” sobre la cama de espinacas y decoramos con unas semillas de sésamo negro.

Probadlo, no os arrepentiréis, es muy nutritivo y digestivo por las especias que lo acompañan, tiene un puntito picante y agridulce delicioso, y sabe ligeramente a curry… en definitiva es un plato para recordar…

Vamos, atreveos, empezad, fuera pereza e inseguridades, ¡¡lo podéis hacer!!!

Como siempre mucha suerte, un abrazo y a por ello.

V&V

Un pensamiento en “El “Chana Masala” más castizo

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