Berenjenas Califales

Muy buenas compañer@s,

Si os gustan las berenjenas, ésta es vuestra receta, desde luego es, sin duda, mi preferida. ¡Qué platazo!! ¡Qué delicia!! Tiernas por dentro, crujientes por fuera, con todo su increíble e insuperable sabor a berenjena bien cocinada y para finalizar ese toque dulce y delicioso que le aporta nuestra “miel” de vino tinto, que es una reducción de vino con azúcar que os hará “morir de placer”

Éste es uno de los platos más típicos que podéis encontrar en Córdoba hoy en día, lamentablemente para nosotr@s en la mayoría de los sitios hacen el rebozado con huevo, por eso no es un plato vegano, aunque afortunadamente utilicen miel de caña principalmente…

Las Berenjenas Califales se remontan a los gloriosos tiempos de Al-Andalus, al gran Califato de Córdoba, cuando esta extraordinaria, bellísima, mágica e intemporal ciudad fue capital y cuna de LA CULTURA mundial con mayúsculas…

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Córdoba llena sus calles de fuentes, jardines, flores, blancas fachadas y sol, esplendorosa en primavera, difícil que nuestros ojos puedan ver ciudad más bella… Imaginaos esa Córdoba hace más de mil años, durante la época dorada de Al-Andalus, las desarrolladísimas técnicas agrícolas ofrecieron una gran cantidad de vegetales no conocidos hasta entonces en Europa, producían tantas variedades y en tan gran cantidad que empezaron a exportar. Ésto creó una gran riqueza y una extensa red comercial, y por supuesto una cocina extraordinaria basada principalmente en deliciosos vegetales como la berenjena…

Córdoba tenía más de 400.000 habitantes en el siglo décimo, contaba con más de setenta bibliotecas, universidad y una de las mejores escuelas de medicina de la época, siendo centro financiero, comercial, cultural y artístico de primer orden, sólo superada por Constantinopla (hoy Estambul). Mientras que el resto de Europa atravesaba terribles hambrunas y la oscura Edad Media, Córdoba iluminaba el camino hacia el Renacimiento.

¿No os apetece probar estas berenjenas?? Además con una receta 100% vegana, exquisita y como siempre, un poquito gamberra…

Pues vamos a ello, seguidme que os cuento…

Ingredientes:

  • 2 berenjenas grandes
  • 1 vaso de vino tinto
  • 1 vaso de azúcar
  • Aprox. 200 grs. de harina blanca
  • 1 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1 cucharadita de pimentón de la Vera dulce
  • 1 cucharadita de curry en polvo
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • 1 manojo pequeño de perejil fresco
  • 1/2 vasito de cerveza (opcional)
  • Sal marina al gusto
  • Aceite de oliva virgen (para freír), la cantidad dependerá de la sartén que utilicéis.

Lo primero que vamos a hacer es nuestra miel de vino, para ello ponemos en un cacito el vaso de vino y el vaso de azúcar, la misma medida de azúcar que de vino y lo llevamos al fuego, siempre a fuego medio-bajo, para que no se nos queme el azúcar. Tendrá que estar al fuego aproximadamente 20 minutos y es muy importante remover de vez en cuando para ver la textura, cuando ya haya reducido a la mitad más o menos y tenga textura de miel, lo retiramos y reservamos.

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Mientras se va haciendo nuestra miel de vino, vamos pelando y cortando las berenjenas, las vamos a cortar en cuadrado, no en redondo como se acostumbra…

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Primero las pelamos, después cortamos la berenjena entera por la mitad y vamos haciendo láminas en vertical…

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Aunque las hemos pelado, para terminar de eliminar ese amargor característico que tiene la berenjena, vamos a ponerla en agua con sal durante 10 minutillos, no sólo conseguiremos un sabor más suave, también con este “remojo” las berenjenas no absorberán tanto aceite en la fritura…

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Ahora las secamos sobre papel de cocina…

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Y ya las tenemos preparadas para freír… pues vamos a ponernos con el rebozado, ya veréis qué rico queda… y sin ninguna necesidad de usar huevos…

Ponemos en un recipiente de tamaño adecuado; la harina, el bicarbonato, ajo en polvo, curry, pimentón y sal al gusto…

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Mezclamos bien con una varilla (o el utensilio que os venga mejor) mientras añadimos el 1/2 vaso de cerveza, si preferís no añadir cerveza, sencillamente vais vertiendo agua hasta conseguir una pasta espesita, tipo Tempura.

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La cerveza os aportará un sabor más especial, más consistencia y hará que estén aún más crujientes, pero sin cerveza, también quedan muy bien, os lo aseguro…

Por último añadimos bien picadito el manojo de perejil…

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… Y llega el momento de ir calentando el aceite en la sartén para empezar a rebozar y freír, el paso más importante y cuidadoso que debemos dar en esta receta…

Cubriremos la sartén hasta la mitad con aceite de oliva y lo ponemos a calentar a fuego medio, el aceite no debe estar muy caliente, pues si no, nuestras berenjenas se quemarán y no se cocinarán bien por dentro, pero tampoco nos podemos permitir freír a muy baja temperatura, pues absorberá mucho aceite y no quedarán crujientes… Pasados 5 minutos con el aceite al fuego, podemos probar echando unas gotitas del rebozado para observar si se fríen bien…

Cuando ya tengamos listo el aceite, sencillamente vamos pasando las laminas de berenjena por el rebozado, que queden bien impregnadas por ambos lados y seguidamente las ponemos en la sartén… manteniéndolas unos minutos por cada lado. Para comprobar que estén bien cocinadas podemos pinchar con un tenedor, cuando las notemos tiernas, es el momento de sacarlas.

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Las vamos sacando y primero las vamos colocando sobre papel de cocina para que absorba el exceso de aceite y no queden grasientas ni manchen el plato de presentación, parece una “bobada” pero es muy importante, la impresión que causaremos quedará muy deslucida si el plato queda lleno de aceite…

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… Y por último queridos compañer@s veganos, ya las colocamos en el plato de presentación y vamos añadiendo la cantidad de miel de vino que nos apetezca por encima…. Si ha pasado tiempo y se ha solidificado, sólo tenemos que volver a calentar unos minutos para conseguir la textura adecuada, si es necesario, añadid un poquito de agua, pero mínimamente.

Podéis poner la miel de vino en una salsera por si a alguien le apetece echarse más, yo recomiendo poner unas gotitas, para dar ese toque de contraste dulce-salado que me encanta… pero si os apetece más dulce… ya sabéis…

Y ahora a disfrutar como niños… ¡Cuidado! ¡No os las comáis todas de una “sentada”! Porque son verdaderamente adictivas…

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Un abrazo enorme y animaos a cocinar vegano, sencillo y delicioso. Sin sangre, vísceras ni huesos… satisfará vuestros estómagos y corazones, sólo echaréis de menos el tiempo que habéis perdido sin ser veganos…

V&V

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